Diana Villanueva: educar en el vino desde la pasión y la confianza

Una conversación sobre aprendizaje, docencia y el crecimiento de la industria vitivinícola.
Hay trayectorias que no se planean, sino que se descubren paso a paso. La historia de Diana Villanueva es una de ellas: un camino que comenzó en la administración y que, casi sin darse cuenta, la llevó a sumergirse en el mundo del vino, hasta convertirlo en vocación, profesión y proyecto de vida. En esta entrevista, Diana comparte su recorrido, los retos que ha enfrentado y la pasión que hoy la mueve como educadora y promotora del vino.
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Bien Diana, aquí vamos, ¿nos puedes contar un poco sobre tu carrera?
Bueno, yo comencé con una licenciatura en Administración de Empresas, pero la vida me llevó por el camino de los vinos, es por eso que posteriormente hice una especialidad en Enología y Viticultura y un Diplomado en Sommelier. Como me encantó aprender, seguí con las certificaciones WSET 3 en Vinos e Italian Wine Essentials por Wine Scholar Guild, y varios cursos internacionales como el de Ampelografía de la vid, impartido por la Organización Internacional de la Viña y el Vino en Chile y la Certificación como Educador en Vinos DO Jumilla.
Actualmente soy educadora certificada WSET y de la Denominación de Origen Jumilla, y estudio la maestría en Vitivinicultura y Negocios del Vino.
¿Cómo es que siendo administradora entraste al mundo del vino?
Jaja, fue pura casualidad. Yo soy de Ensenada y en 2013 empecé a trabajar en el Valle de Guadalupe administrando un hotel boutique. Aunque ya conocía el vino como aficionada, nunca había tenido educación formal, pero el destino me fue llevando y terminé en el área de comercialización de vinos de El Cielo, manejé la zona noroeste durante cinco años y fue ahí donde me di cuenta de que necesitaba más herramientas para comunicar adecuadamente, así que comencé a buscar opciones.
¿Cómo viviste ese primer acercamiento profesional al vino?
Como te decía, quería tener más conocimientos para hablar del vino con propiedad y entré a estudiar el Diplomado en Sommelier en Culinary. Te puedo decir que si comparo esa primera etapa con mi presente, definitivamente soy otra persona.
¿Crees que la industria ha cambiado desde 2013?
Bueno, por lo que viví te puedo decir que antes muchos llegaban a trabajar a una vinícola sin estudios formales; la educación vino después. Afortunadamente hoy los jóvenes ya tienen más noción sobre qué estudiar, qué certificaciones existen y hacia dónde quieren ir. La industria ha crecido mucho en oferta educativa y en oportunidades, y creo que eso hace que exista más propósito, más claridad y más profesionalización.
Y, cuéntame, ¿cómo fue que llegaste a dar clases?
También fue el destino… Llegué a Culinary para coordinar el Diplomado en Sommelier y no sabía que también me prepararían para ser educadora. A los pocos meses de comenzar, tomé el WSET Nivel 2, después el Nivel 3, y posteriormente cursé la certificación como Educadora WSET, a partir de ahí empecé a dar cursos y se abrió un nuevo mundo para mí.

¿Fue difícil comenzar a dar clases?
Uff, muchísimo. El primer curso fue muy retador, estaba muy nerviosa y sentía que nada salía bien, recuerdo que llegué a dudar, pero afortunadamente no me rendí y seguí preparándome, así que con mucha práctica y estudio fui tomando confianza. Hoy, te puedo decir que sigo estudiando para cada sesión y lo disfruto mucho.
Diana, impartes clases en licenciatura, diplomados y certificaciones. ¿Cómo se enseña a públicos tan distintos?
Pues la realidad es que cada grupo requiere un enfoque distinto. Por ejemplo, en la Licenciatura en Arte Culinario, muchos son muy jóvenes y no toman vino. Con ellos descubrí que hay que enseñarles de forma gradual y clara, sin tecnicismos excesivos, y siempre relacionando el vino con la cocina, que es lo que los trajo a esta clase.
Por otro lado, el Diplomado en Sommelier es desafiante porque mis alumnos son adultos con agendas pesadas que les dificultan estar atentos. Con ellos procuro hacer las clases dinámicas y relacionarlas siempre a la cata y al maridaje, para mantener su entusiasmo.
Y WSET es donde sí puedo ser más precisa, ya que es un público con interés profundo; aquí tengo la oportunidad de adentrarme, hablar con tecnicismos y promover un aprendizaje más analítico.
¿Cuál ha sido tu mayor reto como docente?
Definitivamente, enganchar a los estudiantes, mantener su interés y adaptar el nivel de la clase según su contexto. Enseñar a jóvenes cuya pasión está en la cocina o a adultos que vienen cansados de trabajar es difícil, así que la paciencia ha sido una gran enseñanza.
Y, ¿qué es lo que te produce mayor satisfacción?
Creo que cuando los alumnos entienden temas complejos, verlos aprobar sus exámenes no solo por haber memorizado, sino porque han comprendido todo lo que involucra un vino es una alegría. Y bueno, claramente, cuando me escriben para agradecer me enorgullezco; saber que pude aportar algo a su camino profesional es muy gratificante.

¿Consideras que se puede crecer profesionalmente en esta industria?
Totalmente. La industria vitivinícola es muy noble, hay oportunidad para crecer en muchas áreas, en producción, comercialización, hospitalidad, enoturismo, educación, consultoría, comunicación… Es un campo muy amplio y con muchas posibilidades.
¿Qué características crees que necesita alguien que quiere dedicarse a ello?
Depende del área, pero en general, deseo de aprender y preparación constante, humildad para reconocer lo que falta por aprender, apertura de mente, e interés por conocer otras regiones que amplíen su visión.
Y, ¿ves cualidades en tus estudiantes que les puedan ayudar?
Por supuesto, lo mejor que tienen es el entusiasmo por aprender, cuando tienes eso, ya tienes la mitad. Así que solo es seguir estudiando y mantener la humildad, proteger el respeto a la profesión y entender que, aunque para algunos es solo un hobby, para quienes trabajamos en esto es una carrera de vida que exige mucha preparación.
¿Crees que saber de vino les puede abrir oportunidades?
Sí, y muchas. Quien se prepara tiene más herramientas y mayor competitividad. El campo laboral del vino es amplio y está en expansión. Hay oportunidades en todas las ramas de la industria y, además, para quienes estudian Arte Culinario, saber de vinos les puede ayudar a potenciar su currículum, sus proyectos y emprendimientos. Y para aquellos que ya están en el área, qué te puedo decir, poder expresarte con seguridad, ser capaz de analizar un vino y conocer sus procesos marca un antes y un después, te impulsa muchísimo.
Y, personalmente, ¿qué te gustaría lograr en los próximos años?
Mi objetivo es seguir certificándome, continuar en la educación y desarrollar investigación. Quiero tener herramientas para apoyar más a la industria vitivinícola mexicana. Mi sueño es ser una aliada y promotora para que los vinos de México brillen a nivel internacional.

Por último, Diana, si pudieras regresar el tiempo, ¿volverías a elegir esta carrera?
Sí, sin dudarlo. El vino me ha llevado a lugares increíbles, me ha permitido viajar, aprender de geografía, cultura y ciencia. Ha ampliado mi forma de ver el mundo y lo agradezco muchísimo.
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La historia de Diana Villanueva confirma que el vino no solo se bebe, también se estudia, se comunica y se comparte. Su camino es reflejo de una industria que crece, se profesionaliza y se fortalece gracias a personas comprometidas con aprender, enseñar y creer en el potencial del vino, especialmente el mexicano.


